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miércoles, 2 de octubre de 2013

2 de Octubre, día de la Matanza de Tlatelolco

El Movimiento del 68 y el eco que ha dejado en la Sociedad Civil de México


#2DeOctubreNoSeOlvida


Sí existen marcas en la conciencia colectiva mexicana, esta es una de las más notables.


Mucho se ha dicho en torno a lo sucedido aquel miércoles 2 de octubre en la Ciudad de México. Para los mexicanos, y me atrevo a decir, para los latinos, es un suceso que difícilmente se olvidará en muchas décadas, pues más allá de ser una agrupación revoltosa de jóvenes que querían llamar la atención; opinión con la que muchas ideologías suelen identificar a los hechos, el Movimiento del 68 representa la más encarnecida muestra de la lucha que la Sociedad Civil entabló contra el Autoritarismo y las diversas formas de Gobiernos Totalitarios.

Lo cierto es que los jóvenes no actuaban efectivamente por sí solos, sino que fueron influenciados por el clamor de las luchas pacifistas, antitotalitaristas y antifascistas que se encontraban en el aire de la época, así como los ideales hippies que agradaban a muchos alrededor del mundo, contando todo esto entre las causas externas; pero, sin duda, hay algo que resultó el mayor potenciador de la lucha de los jóvenes del '68, una causa interna, por mucho, más fuerte que la totalidad de las causas externas. Para 1968, el PRI (Partido Revolucionario Institucional) llevaba ya 40 años en el poder, y su principal característica no había sido el ser un partido democrático, cercano a la gente, cumplidor y mucho menos revolucionario a como declara su nombre oficial. La principal característica del gobierno había sido (y es, aún actualmente), la represión, el control, el autoritarismo, la negligencia, la ilegitimidad, el uso de la fuerza, la crisis económica y todo aquello que pueda relacionarse con un mal gobierno.

Todos esos factores previamente descritos, tanto externos como internos, fueron los causantes de que los jóvenes universitarios del '68 se levantarán de su letargo y le señalaran al gobierno todas sus deficiencias, así como que le exigieran cambiar ese carácter autoritario, producto del paternalismo que había tomado su máxima expresión en el gobierno del Tata, Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940). Claro esta, que Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), Presidente de México durante los sucesos, no vió con ojos de agrado lo que el CNH (Consejo Nacional de Huelga) exigía en su histórico Pliego Petitorio (Léase; http://www.inehrm.gob.mx/pdf/documento_68_1.pdf), donde se pedía, entre otras cosas, la libertad a los presos políticos, es decir, que sacaran de prisión a todos aquellos participantes del Movimiento del '68 que habían sido aprehendidos, (ya que no solo eran jóvenes, sino también otros sectores sociales) y que se desintegrara el Cuerpo de Granaderos de la Ciudad de México.

Cabe destacar, que todo esto se desenvolvía en el contexto de las Olimpiadas de 1968, que tuvieron lugar en México. Sin duda, el gobierno quería dar a conocer al país como estable, ordenado, organizado y socialmente saludable, razón por la cual una disidencia del tamaño del Movimiento del '68 venía siendo su peor pesadilla. Entiéndase pues, que la reacción tan temeraria de la administración de Díaz Ordaz fue en función de que tanto quería reflejar un país estable económica, social y políticamente, un México que no existía en ese tiempo, y que aún en la actualidad no existe.

Todo empezo el 22 de julio del 68; estudiantes de la UNAM y de la Preparatoria Isaac Ochoterena (incorporada a la UNAM) se encontraban jugando un partido de futbol americano, el cual terminó en pleito entre los jóvenes de las dos instituciones; acto seguido, elementos del cuerpo de granaderos intervinieron para disolver el conflicto, claro esta, que no fueron nada sutiles para controlar a los muchachos, ya que terminaron por ingresar a las instalaciones de la UNAM, hecho que fue condenado públicamente por el Rector Javier Barros Sierra el 30 de julio. Posteriormente se desarrollaron diversas marchas, destacando entre ellas la Marcha del Silencio del 13 de septiembre. 

Al final, toda la movilización social fue reprimida el 2 de Octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Durante el desarrollo de un mítin en dicha plaza, se encontraban elementos militares del ejército y el grupo paramilitar llamado Batallón Olimpia (creado para resguardar el orden durante las Olimpiadas). La versión más aceptada, es la que dice que hubo una confusión entre los miembros del ejérctio y del batallón, pues un helicóptero lanzó una bengala y los paramilitares dispararon contra los manifestantes, hecho ante el cual los militares hicieron lo propio, resultando todo aquello en una verdadera matanza de inocentes que solo estaban congregados pacíficamente. Oficialmente, se dice que hubieron 20 muertos, pero el periodista Jorge Castañeda, menciona en su artículo "los 68 del 68" (publicado en 2006 en el Diario Reforma), que hubieron 68 estudiantes muertos y un soldado.

Como muestra de la insensibilidad de la administración de ese sexenio, el presidente Díaz Ordaz inauguró los Juegos Olímpicos de la Paz, tan solo 10 días después de la Matanza de Tlatelolco.

Por eso, estimados lectores, más que hacer un ordenamiento cronológico de marchas, mítines, movilizaciones y demás, lo que queremos hacer es crear o incrementar su conciencia social y política, así como incentivar su interés por la historia de su país, y sobre todo, por la historia de los Movimientos Sociales, de la cual, el Movimiento del 68 es un caso entre cientos.


Para quienes deseen averiguar más; les anexamos algunas ligas que tienen contenido muy útil y por mucho, muy interesante.

Película Rojo Amanecer (1989), que narra los sucesos desde el punto de vista de una familia de la época.

Movimiento del '68, explicado en tres partes:




Entrevistas al Presidente Gustavo Díaz Ordaz donde habla acerca de los sucesos de la matanza de tlatelolco


Gracias por leer, les esperamos pronto con la útlima parte del artículo "Actualidad Política y los Principios de Goebbels, Parte III".

lunes, 23 de septiembre de 2013

El Príncipe, Capítulos XXII-XXVI y Conclusión

El Príncipe, Capítulos XXII a XXVI


SEXTA PARTE: DE LAS CONSIDERACIONES FINALES


Capítulo XXII.- De los secretarios del príncipe.

Maquiavelo aduce que al príncipe, aparte de su imagen, se le conoce por las personas de quien se hace rodear; de tal forma que si le rodean personas capaces y hábiles en el arte de gobernar, se considerará que él lo es; caso contrario si le rodean personas incapaces.

Uno de los mayores consejos del autor, es el que versa acerca de los secretarios o consejeros del príncipe; básicamente, el príncipe debe hacerse de un equipo que sea prudente, con experiencia, juicioso y que le ayude a dilucidar la realidad del Estado.


Capítulo XXIII.- Como huir de los aduladores.

El presente capítulo y el anterior son complementarios; para evadir a los aduladores, y para evitar perder el respeto de la gente, el Príncipe sólo permitirá a este equipo de consejeros decirle la verdad en los temas concernientes al Estado; de tal forma, que así, con el prudente consejo de otros, acerca de la verdad y la realidad del Estado, solo le restará al Príncipe saber discernir en sus decisiones el mejor camino. Este equipo, deberá estar conformado por gente sabia del Estado, con experiencia, prudente y doctos, como si fuese una suerte de Senado, pero sin las funciones que a este se le reconocen.


Capítulo XXIV.- Por qué los príncipes italianos perdieron sus estados.

El autor concluye en este capítulo que el mayor error de cualquier gobernante (y por tanto, error también de los gobernantes italianos), es el dejar las cosas del Estado en manos de otros, ya sea que fuesen o no de su confianza, un Príncipe prudente deberá siempre confiar solo de lo que esté en sus manos. A su vez, manifiesta que otro error tremendo es el de descuidar el presente, en función de que en el pasado ya se ha obrado bien y se han tenido mejores condiciones que las actuales, a lo cual argumenta el autor, que los hombres se les mantiene felices solo con las cosas presentes, no con las pasadas.


Capítulo XXV.- Del poder de la fortuna en las cosas humanas y de los medios para oponérsele.

Este es el famosísimo capítulo que le granjeó a Maquiavelo la autoría tácita de la frase “el fin justifica los medios”. Tal y como sucede con la frase “Elemental, mi querido Watson”, la cual nunca fue escrita de tal forma en ninguna obra de Sir Arthur Connan Doyle, Nicolás Maquiavelo nunca escribió dicha frase, es solo un aforismo clásico con el cual se resume el pensamiento de este capítulo, en el cual, el autor dice que todos los Hombres se valen de distintos medios para llegar a los mismos fines, de modo que en donde unos son temerarios, otros son prudentes, donde uno es audaz, otros son perspicaces y cuidadosos. Aunque el autor, peca de machismo, seguramente muy en boga en sus tiempos, se inclina por la audacia y por el ser temerario.


Capítulo XXVI.- Exhortación para liberar a Italia de los bárbaros.

Capítulo en el cual Maquiavelo concluye, cierra diciendo que es una verdadera lástima que Italia se encuentre subyugada tanto por españoles como franceses, a quienes tacha de bárbaros. La obra, dirigida a Lorenzo de Médicis; pero debido a que fue publicado de manera póstuma, Lorenzo el Grande nunca logró entrar en contacto con esta obra tan magnamente redactada por uno de sus súbditos.



CONCLUSIÓN

La propuesta general del autor es sumamente polémica, describe a un gobernante sin escrúpulos, manipulador, frío, voluble, individualista pero colaborativo según su interés, inteligente, práctico, el cual, a la vez, debe mostrarse bueno, benevolente, magnánimo, liberal o conservador según sea el caso, virtuoso e inclusive religioso, resultando por ello, una entidad dual, un solo ser compuesto de dos elementos distintos e irreconciliables, un ser en cuya categoría ontológica cabe la naturaleza positiva y negativa, es decir, un ser que debe convivir con lo bueno y lo malo, y como dijera Nietzsche, estar más allá del bien y del mal.

Sin duda, en la mayoría de las mentes, el contenido del libro resulta ofensivo, inmoral y nada ético, carente de principios, valores y escrúpulo alguno, una aberración moral; pero si uno logra librarse de todo prejuicio cognitivo, de toda idea preconcebida, y de toda categoría deontológica, logrará ver que la obra contiene una verdad que se encuentra inmanente en todos los seres humanos: somos, por naturaleza malos en el sentido moral y ético, pero, el contrato y el pacto social nos ha obligado a volvernos moralmente correctos, siendo que la moral es un producto social, pues esta varía de grupo social en grupo social.

La convivencia en sociedad es la forma en que el ser humano es más fuerte, pues por sí solo se encuentra en gran desventaja; como mencionábamos, ese contrato social, a como lo entendiera Rousseau, nos libró del famoso estado de naturaleza, del Leviatán de Hobbes, y dentro del mismo, se depositó la autoridad en uno, ya fuere el Patriarca, el Rey, Emperador etc. Dicha figura, debía saber manejar ambas naturalezas del ser humano, debía saber, tal y como lo menciona Maquiavelo, comportarse como hombre y como bestia, y no titubear al necesitar comportarse como león y zorro, todo en aras de conservar el orden y el control del Estado.

En función de lo anterior, el realismo de Maquiavelo, que le valió el calificativo de maquiavélico, no es más que la condición necesaria para describir a un ente dual, es decir, no podría esperarse realizar un análisis completo, profundo y científico de la realidad, si esta no se considera en todas sus formas, sean correctas moralmente, o no. Así, esa falta de escrúpulos se justifica por la necesidad de ver la realidad tal y como es, en todos sus aspectos; por tanto, si se espera describir, interpretar y criticar a la misma, se debe de hacer desde un prisma integral y completo, a menos que se desee hacer un análisis parcial y subjetivo de los hechos políticos, lo cual es sin duda sumamente indeseable.

 Por tanto, una de las mayores premisas que debemos tomar en cuenta es la siguiente:

El ser humano es un ente ontológicamente dual, bueno y malo, positivo y negativo, por tanto, si se quiere realizar un análisis del mismo, debe de considerársele desde ambos planos, ya sea que se realice una inspección idealista (como Platón y su República) o realista (como Maquiavelo).

No por nada el dualismo fue un problema filosófico tratado ampliamente durante la edad media, ya fuera Dios-Satán, Bien-Mal. Cielo-Infierno, Ángel-Demonio etc.

Así, en función de la premisa ya descrita, podríamos comprender mejor el maquiavelismo de Maquiavelo, válganos el pleonasmo, pues dicho realismo maquiavélico solo pretende dar cuenta de la naturaleza humana, la cual es eminentemente dual, y más específicamente, de la naturaleza de los grandes líderes históricos de la sociedad, es decir, los gobernantes, políticos y jefes militares.

Algunos consideran que con Maquiavelo se apertura la corriente pesimista, que siguió con Arthur Schopenhauer, y a la que se adscribió Nietzsche y el Nihilismo, sin embargo ello es rebatible, ya que lo que en verdad se apertura fue la corriente realista ontológica el pensamiento político y social; la calificación de pesimista es incorrecta, pues en ningún momento se manifiesta tendencia a ninguna forma de anarquismo, que podría considerarse pesimista con respecto a la existencia del Estado.


Finalmente, recapitulando, podemos decir que el realismo y el dualismo son los dos ejes rectores de la obra de Maquiavelo, por ello, analiza al ser humano como ningún otro autor lo había hecho antes, y lo logra de una manera tal, que su trabajo le ganó el ser considerado como el fundador de la Ciencia Política, precisamente al haber realizado esa separación entre moral y política, producto de un juicio muy prudente, que habría evolucionado con la gran experiencia del autor en las cosas públicas de su natal Florencia, hasta dar como producto esta magnífica obra, que contiene una enseñanza para todos, pues, inclusive no solo a políticos, sino a cualquier otro ser humano facilitará el darse cuenta de la propia naturaleza y de la de los demás, expandiendo las habilidades interpersonales y la capacidad de hacer política, todo en aras de una sociedad que busque en verdad el bien común.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El Príncipe, Capítulos XV-XXI

El Príncipe, Capítulo XV al XXI


QUINTA PARTE: DEL COMPORTAMIENTO DEL PRÍNCIPE


Capítulo XV.- De aquellas cosas por las que los príncipes son alabados o censurados.

Es en este capítulo donde Maquiavelo hace su distanciamiento de la escuela idealista representada por Platón, y da pauta para intuir su escuela eminentemente realista, pues declara que prefiere ir por la verdad efectiva de la cosa, es decir por lo real, en lugar de lo ideal.

Entre otras cosas, dice que aquel que cambia lo que se hace por lo que se debería hacer, pues el hombre que desee obrar siempre bien, se perderá en algún momento entre el resto, pues la mayoría no obra bien, sino mal. Así, condena las virtudes tan ensalzadas por los griegos, y tajantemente categoriza que cualquier hombre que desee ser príncipe debe educarse y deberá saber no ser bueno, pero practicar todo aquello que le garantice la permanencia en el poder, y evitar aquellas actitudes que le ganarían la pérdida de la dignidad que le inviste.


Capítulo XVI.- De la prodigalidad y de la avaricia.

De manera categórica, y simple, el autor nos menciona que aquel príncipe que es pródigo, manirroto y derrochador, y peor aún, si lo es desde antes de entrar en el poder, verá la ruina, si no se torna tacaño. Esto, debido a que mientras más se practique la prodigalidad, más difícil será mantenerla, y el príncipe se verá obligado a gravar con nuevos impuestos al pueblo, lo cual será negativo para él mismo. En cambio, el príncipe que desde un inicio sea tacaño, ahorrador y amasador, podrá sustentar guerras, batallas, empresas y diversos actos que se verán grandes y nobles, pues no existirá la necesidad de gravar constantemente con tributos nuevos al pueblo.


Capítulo XVII.- De la crueldad y la clemencia; y si es mejor ser amado que temido, o ser temido que amado.

Al igual que en capítulo anterior, el autor zanja la cuestión de manera simple: Como el amar depende de la voluntad de los hombres y el temer de la voluntad del príncipe, un príncipe prudente debe apoyarse en lo propio y no en lo ajeno, evitando siempre el odio.
  
Es pues, cosa juzgada, ya que, en la disyuntiva de si es preferible ser amado o ser odiado entre el pueblo, Maquiavelo declara que la mejor vía es la tercera, es decir, el ser temido, y entre tus tropas, es preferible ser tomado por cruel para mantener el orden y la disciplina de la milicia.


Capítulo XVIII.- De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas.

En esta sección, Maquiavelo nos menciona que el Príncipe que no cumple con sus promesas es el que más logra acometer, y hace énfasis en la naturaleza dual del Ser Humano, como Hombre y como Bestia, e insiste, nuevamente en dualismo, en que el Príncipe deberá saber comportarse como león y como zorro.

A su vez, da otro argumento maquiavélico, pues considera que es preferible simular tener virtudes  a en verdad tenerlas, pues un Príncipe debe de mostrarse piadoso y misericordioso, pero tiene que estar dispuesto a ser todo lo contrario, insistiendo, naturaleza dual del Ser Humano. Considérese, de lo más reciente que ha habido en el país, la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, en la cual se comprometió inclusive ante Notario Público, a realizar diversas acciones para mejorar al país, las cuales, no ha cumplido, o bien, no han sido los resultados esperados.


Capítulo XIX.- De qué modo se debe evitar ser despreciado y odiado.

Una de las principales preocupaciones de un príncipe es la de garantizar dos de las funciones vitales del Estado; la primera de ellas, es el mantener el orden interno, y la segunda, ser respetado en el exterior. Luego, debe hacerse estimar por los nobles sin hacerse odiar por el pueblo, siendo que, si es odiado por alguna de estas partes, deberá irse con los numerosos, y si no, con los fuertes.


Capítulo XX.- Si las fortalezas, y muchas otras cosas que los príncipes hacen con frecuencia son útiles o no.

En este capítulo, el autor divaga más que en el resto, pues parece no poder especificar realmente la importancia de las fortalezas, pues revuelve otros temas sobre los cuales ya había versado anteriormente, solo comenta que efectivamente una plaza fortificada será más resiente que una no fortificada.


Capítulo XXI.- Como debe comportarse un príncipe para ser estimado.


El autor menciona que a los Príncipes más estimados, se les conoce por los grandes actos y empresas que realizan, pues se esfuerzan en parecer magnánimos y virtuosos en cada uno de sus actos, ya sea que realicen una obra pública, declaren la guerra o promuevan algún cambio ideológico, el Príncipe debe de causar el furor y encender los corazones de sus súbditos. En su administración, debe manifestarse todos los consejos que previamente se han dado, para que la misma sea exitosa y el principado tenga una administración correcta y eficiente.

jueves, 12 de septiembre de 2013

El Príncipe, Capítulos IX-XIV

El Príncipe, Capítulo IX al XIV



PARTE TERCERA: DE LAS FORMAS DE PRINCIPADOS

Capítulo IX.- Del principado civil.

Este tipo de gobierno surge de la lucha entre opuestos dialécticos que es la pugna entre el Pueblo y los Nobles, dos entidades que necesitan la una de otra, pero entran en conflicto de manera constante; ejemplos históricos sobran, baste con mencionar que Karl Marx desarrolló la teoría de Lucha de Clases Sociales en base a ello, y la elevó al grado de Motor Histórico, citando el Manifiesto Comunista:  

¨La historia (escrita) de todas las sociedades existentes hasta ahora es la historia de la lucha de clases. (Esto es generalmente conocido como "la teoría de la lucha de clases como motor de la historia").

Aunque, dentro de Maquiavelo, la Lucha entre la plebe y los grandes genera armonía, difiriendo de Marx, quien dice que genera progreso y desarrollo.

En consecuencia, se puede subir al poder gracias al Pueblo o a los Nobles, siendo que si se sube al poder por el pueblo, se mantiene más fácilmente, ya que solo basta con mantenerle tranquilo, caso contrario con los nobles, a quienes el Príncipe difícilmente puede manejar y doblegar a gusto, so pena de caer de su gracia.

Capítulo X.- Como deben medirse las fuerzas de todos los principados.

Básicamente, la idea en este capítulo es sumamente simple, y no requiere siquiera de ejemplos estrafalarios. Sea pues, que los Príncipes que dependan de sí mismos, no sean odiados por el pueblo, y cuenten con fuerzas militares suficientes, serán considerados fuertes; caso contrario con aquellos Príncipes que no tengan fuerzas suficientes para defenderse por sí solos, o bien, sean repudiados por el pueblo, serán débiles y penden de un hilo.

Capítulo XI.- De los principados eclesiásticos.

Estos principados son de una clase especial, ya que el autor considera que son los únicos que se sostienen sin necesidad de un príncipe propiamente, ya que se basan en las instituciones religiosas ancestrales, las cuales son por sí solas lo suficientemente fuertes para mantener la cohesión interna del principado, independientemente del modo en que proceda el soberano.


PARTE CUARTA: DE LA MILICIA

Capítulo XII.- De las distintas clases de milicias y de los soldados mercenarios.

Existen 4 tipos de tropas: Propias, Mercenarias, Auxiliares y Mixtas. Brevemente, se define cada una; las mercenarias son aquellas tropas pagadas y que no sirven únicamente al príncipe, o bien, lo hacen por razones económicas y no de afinidad; las auxiliares, son aquellas que otro soberano presta al príncipe para ayudarle a librar las batallas para que las necesitare; las propias son las que se encuentran bajo el mando absoluto del príncipe, por ser afines a él y al territorio que gobierna, y por último, las mixtas son combinaciones de las anteriores.

Por ende, se entiende que ni tropas mercenarias ni auxiliares son confiables, ya que ninguna le rinde lealtad verdadera al príncipe, sino al dinero y a las ambiciones de su propio príncipe, respectivamente. Aún y cuando se puede servir de las mismas, se debe procurar la creación de un ejército propio, tal y como lo hiciera César Borgia al tomar la Romaña con el ejército de Alejandro VI, y después formar su propia milicia.

Cabe destacar, que el autor pone especial énfasis en el hecho que sólo el Príncipe debe ejercer el puesto de Capitán entre sus tropas, pues considera que el efecto de afinidad y la carga emocional de mirar al líder del Estado luchar a la par de las tropas. Un ejemplo clásico, aunque desfavorable para dicho capitán, fue la batalla de Waterloo, donde las fuerzas del Imperio Francés fueron comandadas por el mismísimo Napoleón Bonaparte.


Capítulo XIII.- De los soldados auxiliares, mixtos y propios.

      Maquiavelo, considera que las ya definidas tropas auxiliares son peligrosas para el Príncipe que las utiliza, pero útiles y buenas para los que las brindan, pues si se pierde la batalla, quien prestó las tropas no pierde territorio, y quien las usó sí, o bien, si se gana, quien prestase las tropas tiene bajo su dominio a quien las usase, que queda a merced de las tropas del otro Príncipe, las cuales pueden ser usadas en su contra, luego de haberse servido de ellas para librar y triunfar dicha batalla.

      Por otra parte, insiste en que las tropas auxiliares son aún más peligrosas que las mercenarias, ya que estas primeras están perfectamente cohesionadas y siguen ciegamente a su Príncipe.


Capítulo XIV.- De los deberes de un príncipe para con la milicia.

Maquiavelo considera que uno de los principales deberes del Príncipe es el arte militar, y es uno de los cuales nunca deberá olvidarse. Recomienda que durante los tiempos de paz se espere y se prepare la guerra de dos modos distintos: el Estudio y la Acción, ya que recomienda estudiar la Historia de los grandes hombres y los grandes actos, de los grandes guerreros y los grandes héroes, esto para aprender de sus virtudes y errores, y ser un mejor estratega; por otra parte, recomienda la acción, dedicarse a la caza para acostumbrar al cuerpo a las fatigas y para aprender a reconocer el terreno donde se libraría una batalla.

Un ejemplo histórico y clásico, es el del rey Leónidas de Esparta, quien, durante la Segunda Guerra Médica, logró contener al ejército de 300,000 soldados del emperador persa Jerjes I, hazaña realizada con tan solo 300 espartanos, 700 tespios, 400 tebanos y posiblemente algunos cientos de soldados más, la mayoría de los cuales murieron en la batalla. Dicha osadía solo fue posible por el conocimiento que Leónidas tenía del paso de las Termópilas, el cual era un cuello de botella, que permitió prolongar la resistencia por 7 días.


lunes, 2 de septiembre de 2013

Prueba Piloto

PRIMERA PLANA

Síntesis de por qué sí y por qué no.


Bueno, como todo buen joven de 18 años, casi es obligatorio escribir lo que sea, so pena de estallar y perder la cabeza.


Ya sabrán, estudiante, mexicano, 18 años, bla bla bla...

Primer Semestre de la Lic. en Derecho, en Universidad del Estado; acérrimo fanático de la crítica social, el debate, la polémica y todo lo que tenga que ven con la Sociedad en general, desde la legalización de la marihuana hasta las familias disfuncionales. Eso si, cero fanatismos y cero dogmatismos, no hay argumento que no pueda ser rebatido.

La idea de iniciar un Blog, pues, tiene su génesis en la idea de prácticar un ejercicio de autoexamen y para tener cayo, como dicen por ahí, y bueno, luego editar una revista.

Digamos que, a como puede verse Política, Religión, Negocios, Budismo, puede verse Filosofía, Sociología, Música, Historia, Arte bla bla bla...

No sé ni como usar esto, pareciera que estoy hablando solo, pero como no hay nada mejor que hacer, queda abierta la puerta y la invitación expresa a quien quiera echar grilla, debatir, platicar, divagar, departir y demás. :)