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lunes, 23 de septiembre de 2013

El Príncipe, Capítulos XXII-XXVI y Conclusión

El Príncipe, Capítulos XXII a XXVI


SEXTA PARTE: DE LAS CONSIDERACIONES FINALES


Capítulo XXII.- De los secretarios del príncipe.

Maquiavelo aduce que al príncipe, aparte de su imagen, se le conoce por las personas de quien se hace rodear; de tal forma que si le rodean personas capaces y hábiles en el arte de gobernar, se considerará que él lo es; caso contrario si le rodean personas incapaces.

Uno de los mayores consejos del autor, es el que versa acerca de los secretarios o consejeros del príncipe; básicamente, el príncipe debe hacerse de un equipo que sea prudente, con experiencia, juicioso y que le ayude a dilucidar la realidad del Estado.


Capítulo XXIII.- Como huir de los aduladores.

El presente capítulo y el anterior son complementarios; para evadir a los aduladores, y para evitar perder el respeto de la gente, el Príncipe sólo permitirá a este equipo de consejeros decirle la verdad en los temas concernientes al Estado; de tal forma, que así, con el prudente consejo de otros, acerca de la verdad y la realidad del Estado, solo le restará al Príncipe saber discernir en sus decisiones el mejor camino. Este equipo, deberá estar conformado por gente sabia del Estado, con experiencia, prudente y doctos, como si fuese una suerte de Senado, pero sin las funciones que a este se le reconocen.


Capítulo XXIV.- Por qué los príncipes italianos perdieron sus estados.

El autor concluye en este capítulo que el mayor error de cualquier gobernante (y por tanto, error también de los gobernantes italianos), es el dejar las cosas del Estado en manos de otros, ya sea que fuesen o no de su confianza, un Príncipe prudente deberá siempre confiar solo de lo que esté en sus manos. A su vez, manifiesta que otro error tremendo es el de descuidar el presente, en función de que en el pasado ya se ha obrado bien y se han tenido mejores condiciones que las actuales, a lo cual argumenta el autor, que los hombres se les mantiene felices solo con las cosas presentes, no con las pasadas.


Capítulo XXV.- Del poder de la fortuna en las cosas humanas y de los medios para oponérsele.

Este es el famosísimo capítulo que le granjeó a Maquiavelo la autoría tácita de la frase “el fin justifica los medios”. Tal y como sucede con la frase “Elemental, mi querido Watson”, la cual nunca fue escrita de tal forma en ninguna obra de Sir Arthur Connan Doyle, Nicolás Maquiavelo nunca escribió dicha frase, es solo un aforismo clásico con el cual se resume el pensamiento de este capítulo, en el cual, el autor dice que todos los Hombres se valen de distintos medios para llegar a los mismos fines, de modo que en donde unos son temerarios, otros son prudentes, donde uno es audaz, otros son perspicaces y cuidadosos. Aunque el autor, peca de machismo, seguramente muy en boga en sus tiempos, se inclina por la audacia y por el ser temerario.


Capítulo XXVI.- Exhortación para liberar a Italia de los bárbaros.

Capítulo en el cual Maquiavelo concluye, cierra diciendo que es una verdadera lástima que Italia se encuentre subyugada tanto por españoles como franceses, a quienes tacha de bárbaros. La obra, dirigida a Lorenzo de Médicis; pero debido a que fue publicado de manera póstuma, Lorenzo el Grande nunca logró entrar en contacto con esta obra tan magnamente redactada por uno de sus súbditos.



CONCLUSIÓN

La propuesta general del autor es sumamente polémica, describe a un gobernante sin escrúpulos, manipulador, frío, voluble, individualista pero colaborativo según su interés, inteligente, práctico, el cual, a la vez, debe mostrarse bueno, benevolente, magnánimo, liberal o conservador según sea el caso, virtuoso e inclusive religioso, resultando por ello, una entidad dual, un solo ser compuesto de dos elementos distintos e irreconciliables, un ser en cuya categoría ontológica cabe la naturaleza positiva y negativa, es decir, un ser que debe convivir con lo bueno y lo malo, y como dijera Nietzsche, estar más allá del bien y del mal.

Sin duda, en la mayoría de las mentes, el contenido del libro resulta ofensivo, inmoral y nada ético, carente de principios, valores y escrúpulo alguno, una aberración moral; pero si uno logra librarse de todo prejuicio cognitivo, de toda idea preconcebida, y de toda categoría deontológica, logrará ver que la obra contiene una verdad que se encuentra inmanente en todos los seres humanos: somos, por naturaleza malos en el sentido moral y ético, pero, el contrato y el pacto social nos ha obligado a volvernos moralmente correctos, siendo que la moral es un producto social, pues esta varía de grupo social en grupo social.

La convivencia en sociedad es la forma en que el ser humano es más fuerte, pues por sí solo se encuentra en gran desventaja; como mencionábamos, ese contrato social, a como lo entendiera Rousseau, nos libró del famoso estado de naturaleza, del Leviatán de Hobbes, y dentro del mismo, se depositó la autoridad en uno, ya fuere el Patriarca, el Rey, Emperador etc. Dicha figura, debía saber manejar ambas naturalezas del ser humano, debía saber, tal y como lo menciona Maquiavelo, comportarse como hombre y como bestia, y no titubear al necesitar comportarse como león y zorro, todo en aras de conservar el orden y el control del Estado.

En función de lo anterior, el realismo de Maquiavelo, que le valió el calificativo de maquiavélico, no es más que la condición necesaria para describir a un ente dual, es decir, no podría esperarse realizar un análisis completo, profundo y científico de la realidad, si esta no se considera en todas sus formas, sean correctas moralmente, o no. Así, esa falta de escrúpulos se justifica por la necesidad de ver la realidad tal y como es, en todos sus aspectos; por tanto, si se espera describir, interpretar y criticar a la misma, se debe de hacer desde un prisma integral y completo, a menos que se desee hacer un análisis parcial y subjetivo de los hechos políticos, lo cual es sin duda sumamente indeseable.

 Por tanto, una de las mayores premisas que debemos tomar en cuenta es la siguiente:

El ser humano es un ente ontológicamente dual, bueno y malo, positivo y negativo, por tanto, si se quiere realizar un análisis del mismo, debe de considerársele desde ambos planos, ya sea que se realice una inspección idealista (como Platón y su República) o realista (como Maquiavelo).

No por nada el dualismo fue un problema filosófico tratado ampliamente durante la edad media, ya fuera Dios-Satán, Bien-Mal. Cielo-Infierno, Ángel-Demonio etc.

Así, en función de la premisa ya descrita, podríamos comprender mejor el maquiavelismo de Maquiavelo, válganos el pleonasmo, pues dicho realismo maquiavélico solo pretende dar cuenta de la naturaleza humana, la cual es eminentemente dual, y más específicamente, de la naturaleza de los grandes líderes históricos de la sociedad, es decir, los gobernantes, políticos y jefes militares.

Algunos consideran que con Maquiavelo se apertura la corriente pesimista, que siguió con Arthur Schopenhauer, y a la que se adscribió Nietzsche y el Nihilismo, sin embargo ello es rebatible, ya que lo que en verdad se apertura fue la corriente realista ontológica el pensamiento político y social; la calificación de pesimista es incorrecta, pues en ningún momento se manifiesta tendencia a ninguna forma de anarquismo, que podría considerarse pesimista con respecto a la existencia del Estado.


Finalmente, recapitulando, podemos decir que el realismo y el dualismo son los dos ejes rectores de la obra de Maquiavelo, por ello, analiza al ser humano como ningún otro autor lo había hecho antes, y lo logra de una manera tal, que su trabajo le ganó el ser considerado como el fundador de la Ciencia Política, precisamente al haber realizado esa separación entre moral y política, producto de un juicio muy prudente, que habría evolucionado con la gran experiencia del autor en las cosas públicas de su natal Florencia, hasta dar como producto esta magnífica obra, que contiene una enseñanza para todos, pues, inclusive no solo a políticos, sino a cualquier otro ser humano facilitará el darse cuenta de la propia naturaleza y de la de los demás, expandiendo las habilidades interpersonales y la capacidad de hacer política, todo en aras de una sociedad que busque en verdad el bien común.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El Príncipe, Capítulos XV-XXI

El Príncipe, Capítulo XV al XXI


QUINTA PARTE: DEL COMPORTAMIENTO DEL PRÍNCIPE


Capítulo XV.- De aquellas cosas por las que los príncipes son alabados o censurados.

Es en este capítulo donde Maquiavelo hace su distanciamiento de la escuela idealista representada por Platón, y da pauta para intuir su escuela eminentemente realista, pues declara que prefiere ir por la verdad efectiva de la cosa, es decir por lo real, en lugar de lo ideal.

Entre otras cosas, dice que aquel que cambia lo que se hace por lo que se debería hacer, pues el hombre que desee obrar siempre bien, se perderá en algún momento entre el resto, pues la mayoría no obra bien, sino mal. Así, condena las virtudes tan ensalzadas por los griegos, y tajantemente categoriza que cualquier hombre que desee ser príncipe debe educarse y deberá saber no ser bueno, pero practicar todo aquello que le garantice la permanencia en el poder, y evitar aquellas actitudes que le ganarían la pérdida de la dignidad que le inviste.


Capítulo XVI.- De la prodigalidad y de la avaricia.

De manera categórica, y simple, el autor nos menciona que aquel príncipe que es pródigo, manirroto y derrochador, y peor aún, si lo es desde antes de entrar en el poder, verá la ruina, si no se torna tacaño. Esto, debido a que mientras más se practique la prodigalidad, más difícil será mantenerla, y el príncipe se verá obligado a gravar con nuevos impuestos al pueblo, lo cual será negativo para él mismo. En cambio, el príncipe que desde un inicio sea tacaño, ahorrador y amasador, podrá sustentar guerras, batallas, empresas y diversos actos que se verán grandes y nobles, pues no existirá la necesidad de gravar constantemente con tributos nuevos al pueblo.


Capítulo XVII.- De la crueldad y la clemencia; y si es mejor ser amado que temido, o ser temido que amado.

Al igual que en capítulo anterior, el autor zanja la cuestión de manera simple: Como el amar depende de la voluntad de los hombres y el temer de la voluntad del príncipe, un príncipe prudente debe apoyarse en lo propio y no en lo ajeno, evitando siempre el odio.
  
Es pues, cosa juzgada, ya que, en la disyuntiva de si es preferible ser amado o ser odiado entre el pueblo, Maquiavelo declara que la mejor vía es la tercera, es decir, el ser temido, y entre tus tropas, es preferible ser tomado por cruel para mantener el orden y la disciplina de la milicia.


Capítulo XVIII.- De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas.

En esta sección, Maquiavelo nos menciona que el Príncipe que no cumple con sus promesas es el que más logra acometer, y hace énfasis en la naturaleza dual del Ser Humano, como Hombre y como Bestia, e insiste, nuevamente en dualismo, en que el Príncipe deberá saber comportarse como león y como zorro.

A su vez, da otro argumento maquiavélico, pues considera que es preferible simular tener virtudes  a en verdad tenerlas, pues un Príncipe debe de mostrarse piadoso y misericordioso, pero tiene que estar dispuesto a ser todo lo contrario, insistiendo, naturaleza dual del Ser Humano. Considérese, de lo más reciente que ha habido en el país, la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, en la cual se comprometió inclusive ante Notario Público, a realizar diversas acciones para mejorar al país, las cuales, no ha cumplido, o bien, no han sido los resultados esperados.


Capítulo XIX.- De qué modo se debe evitar ser despreciado y odiado.

Una de las principales preocupaciones de un príncipe es la de garantizar dos de las funciones vitales del Estado; la primera de ellas, es el mantener el orden interno, y la segunda, ser respetado en el exterior. Luego, debe hacerse estimar por los nobles sin hacerse odiar por el pueblo, siendo que, si es odiado por alguna de estas partes, deberá irse con los numerosos, y si no, con los fuertes.


Capítulo XX.- Si las fortalezas, y muchas otras cosas que los príncipes hacen con frecuencia son útiles o no.

En este capítulo, el autor divaga más que en el resto, pues parece no poder especificar realmente la importancia de las fortalezas, pues revuelve otros temas sobre los cuales ya había versado anteriormente, solo comenta que efectivamente una plaza fortificada será más resiente que una no fortificada.


Capítulo XXI.- Como debe comportarse un príncipe para ser estimado.


El autor menciona que a los Príncipes más estimados, se les conoce por los grandes actos y empresas que realizan, pues se esfuerzan en parecer magnánimos y virtuosos en cada uno de sus actos, ya sea que realicen una obra pública, declaren la guerra o promuevan algún cambio ideológico, el Príncipe debe de causar el furor y encender los corazones de sus súbditos. En su administración, debe manifestarse todos los consejos que previamente se han dado, para que la misma sea exitosa y el principado tenga una administración correcta y eficiente.

jueves, 12 de septiembre de 2013

El Príncipe, Capítulos IX-XIV

El Príncipe, Capítulo IX al XIV



PARTE TERCERA: DE LAS FORMAS DE PRINCIPADOS

Capítulo IX.- Del principado civil.

Este tipo de gobierno surge de la lucha entre opuestos dialécticos que es la pugna entre el Pueblo y los Nobles, dos entidades que necesitan la una de otra, pero entran en conflicto de manera constante; ejemplos históricos sobran, baste con mencionar que Karl Marx desarrolló la teoría de Lucha de Clases Sociales en base a ello, y la elevó al grado de Motor Histórico, citando el Manifiesto Comunista:  

¨La historia (escrita) de todas las sociedades existentes hasta ahora es la historia de la lucha de clases. (Esto es generalmente conocido como "la teoría de la lucha de clases como motor de la historia").

Aunque, dentro de Maquiavelo, la Lucha entre la plebe y los grandes genera armonía, difiriendo de Marx, quien dice que genera progreso y desarrollo.

En consecuencia, se puede subir al poder gracias al Pueblo o a los Nobles, siendo que si se sube al poder por el pueblo, se mantiene más fácilmente, ya que solo basta con mantenerle tranquilo, caso contrario con los nobles, a quienes el Príncipe difícilmente puede manejar y doblegar a gusto, so pena de caer de su gracia.

Capítulo X.- Como deben medirse las fuerzas de todos los principados.

Básicamente, la idea en este capítulo es sumamente simple, y no requiere siquiera de ejemplos estrafalarios. Sea pues, que los Príncipes que dependan de sí mismos, no sean odiados por el pueblo, y cuenten con fuerzas militares suficientes, serán considerados fuertes; caso contrario con aquellos Príncipes que no tengan fuerzas suficientes para defenderse por sí solos, o bien, sean repudiados por el pueblo, serán débiles y penden de un hilo.

Capítulo XI.- De los principados eclesiásticos.

Estos principados son de una clase especial, ya que el autor considera que son los únicos que se sostienen sin necesidad de un príncipe propiamente, ya que se basan en las instituciones religiosas ancestrales, las cuales son por sí solas lo suficientemente fuertes para mantener la cohesión interna del principado, independientemente del modo en que proceda el soberano.


PARTE CUARTA: DE LA MILICIA

Capítulo XII.- De las distintas clases de milicias y de los soldados mercenarios.

Existen 4 tipos de tropas: Propias, Mercenarias, Auxiliares y Mixtas. Brevemente, se define cada una; las mercenarias son aquellas tropas pagadas y que no sirven únicamente al príncipe, o bien, lo hacen por razones económicas y no de afinidad; las auxiliares, son aquellas que otro soberano presta al príncipe para ayudarle a librar las batallas para que las necesitare; las propias son las que se encuentran bajo el mando absoluto del príncipe, por ser afines a él y al territorio que gobierna, y por último, las mixtas son combinaciones de las anteriores.

Por ende, se entiende que ni tropas mercenarias ni auxiliares son confiables, ya que ninguna le rinde lealtad verdadera al príncipe, sino al dinero y a las ambiciones de su propio príncipe, respectivamente. Aún y cuando se puede servir de las mismas, se debe procurar la creación de un ejército propio, tal y como lo hiciera César Borgia al tomar la Romaña con el ejército de Alejandro VI, y después formar su propia milicia.

Cabe destacar, que el autor pone especial énfasis en el hecho que sólo el Príncipe debe ejercer el puesto de Capitán entre sus tropas, pues considera que el efecto de afinidad y la carga emocional de mirar al líder del Estado luchar a la par de las tropas. Un ejemplo clásico, aunque desfavorable para dicho capitán, fue la batalla de Waterloo, donde las fuerzas del Imperio Francés fueron comandadas por el mismísimo Napoleón Bonaparte.


Capítulo XIII.- De los soldados auxiliares, mixtos y propios.

      Maquiavelo, considera que las ya definidas tropas auxiliares son peligrosas para el Príncipe que las utiliza, pero útiles y buenas para los que las brindan, pues si se pierde la batalla, quien prestó las tropas no pierde territorio, y quien las usó sí, o bien, si se gana, quien prestase las tropas tiene bajo su dominio a quien las usase, que queda a merced de las tropas del otro Príncipe, las cuales pueden ser usadas en su contra, luego de haberse servido de ellas para librar y triunfar dicha batalla.

      Por otra parte, insiste en que las tropas auxiliares son aún más peligrosas que las mercenarias, ya que estas primeras están perfectamente cohesionadas y siguen ciegamente a su Príncipe.


Capítulo XIV.- De los deberes de un príncipe para con la milicia.

Maquiavelo considera que uno de los principales deberes del Príncipe es el arte militar, y es uno de los cuales nunca deberá olvidarse. Recomienda que durante los tiempos de paz se espere y se prepare la guerra de dos modos distintos: el Estudio y la Acción, ya que recomienda estudiar la Historia de los grandes hombres y los grandes actos, de los grandes guerreros y los grandes héroes, esto para aprender de sus virtudes y errores, y ser un mejor estratega; por otra parte, recomienda la acción, dedicarse a la caza para acostumbrar al cuerpo a las fatigas y para aprender a reconocer el terreno donde se libraría una batalla.

Un ejemplo histórico y clásico, es el del rey Leónidas de Esparta, quien, durante la Segunda Guerra Médica, logró contener al ejército de 300,000 soldados del emperador persa Jerjes I, hazaña realizada con tan solo 300 espartanos, 700 tespios, 400 tebanos y posiblemente algunos cientos de soldados más, la mayoría de los cuales murieron en la batalla. Dicha osadía solo fue posible por el conocimiento que Leónidas tenía del paso de las Termópilas, el cual era un cuello de botella, que permitió prolongar la resistencia por 7 días.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

El Príncipe, Capítulos IV-VIII

Nicolás Maquiavelo: El Príncipe, Capítulo IV al VIII



Capítulo IV.- Por qué el reino de Darío ocupado por Alejandro no se sublevó contra los sucesores de éste después de su muerte.

Dentro de este capítulo, en aras de no enfrascarnos tan profundamente en los ejemplos históricos que el autor enuncia vastamente, nos limitaremos a describir las ideas y principios que son presentados, ya que aquí no se pretende emular o transcribir la obra, sino solo comentarla y agregar puntos que enriquezcan lo ya escrito por Maquiavelo; situación que será sostenida durante todo el trabajo aquí emprendido.

Dentro del capítulo, se distingue que históricamente, dentro de los principados, hay dos formas de gobernar: cuando el Príncipe elige de entre sus siervos a los que serán elevados a la categoría de Ministros, quienes le ayudarán a gobernar mejor, o bien, cuando el príncipe gobierna, oficialmente a lo menos, por sí solo, pero tácitamente recibe la ayuda de familias de Nobles, que tienen sus propios Estados, un linaje de gran duración, y el amor del pueblo.

De lo anterior se desprende que si el Príncipe gobierna con la ayuda de los Nobles, dentro de toda la extensión de su Territorio, no se reconoce otra autoridad que no sea la de él, es el único Soberano; sin embargo, el mismo príncipe, y las personas cercanas a él, conocen que depende de los Nobles que le asisten. Esta situación es similar a la dependencia que algunos gobernantes (sin necesidad de mencionar nombres), mantienen con las instancias internacionales como el FMI, el BM, la OMC, entre otros, o bien, con empresas Transnacionales como lo son Monsanto, Coca Cola Company, Shell, Texaco, entre muchas otras.

Por otra parte, si el Príncipe se sirve de Ministros, deberá tener cuidado de que estos le sean leales sola y únicamente a él, y que el pueblo les tenga respeto, solo por ser representantes de él.


Capítulo V.- De qué modo hay que gobernar las ciudades o principados que antes de ser ocupados, se regían por sus propias leyes.

Este capítulo es de suma importancia, ya que presenta principios prácticamente invariables en ejemplos históricos, que sirven para domar a un Estado que se encuentra en una transición como una Revolución o un Golpe de Estado.
  
Maquiavelo, dentro de sus consideraciones iniciales, da una triple pauta, con la cual pretende abarcar toda posibilidad y variable existente en un evento de cataclismo y reverberación social; esto es, para conservar un Estado antes libre y autónomo, hay tres caminos posibles: Destruirlo, Vivir en él, y conservar todo como estaba antes, hacer pagar un tributo y establecer un gobierno emanado del mismo pueblo.

Luego, continuando con los tintes maquiavélicos de la obra, el autor nos menciona que si se pretende conservar un Estado que, antes era libre, y nunca había sido gobernado por un Soberano, se debe primero aplastar al mismo, doblegarlo y malearlo a gusto del Príncipe, esto para lograr imponer su autoridad y su ley, teniendo la seguridad que, como en los siguientes capítulos se versará, iniciar con un mal tan terrible, en verdad traerá grandes beneficios a futuro.

Luego, como previamente se había mencionado en el capítulo III, una buena medida para granjearse el respeto, amor, y afinidad de los pueblos recién conquistados o anexados, más aún si anteriormente los mismos eran libres, es radicarse en su territorio. Esta situación, brinda un mayor abanico de influencia y posibilidades al Príncipe, quien, gracias a ello, podrá detectar insurrecciones y conspiraciones incluso antes de que aparezcan; caso contrario, que si no vive en el nuevo territorio, solo verá los problemas cuando ya sea demasiado tarde, y no podrá actuar correctamente.

Por último, la tercer vía, en suma, la menos dura, pero sin duda la más maquiavélica, dice que el instaurar un gobierno de representación popular, podría ganarle al príncipe cierta imagen positiva, ya que dejará que el pueblo se gobierne a sí mismo, aún y cuando, en realidad, los representantes sean nombrados a modo, de tal manera que el Príncipe les diga que hacer, y sean solo títeres de la voluntad máxima del mismo. Puede tenerse confianza en que estos le serán fieles y leales, ya que le deben el cargo al Príncipe, y si quisieran sublevarse, no lo lograrían so pena de un sinfín de riesgos y peligros, o bien, necesitarían una gran trayectoria para que el Príncipe les de su plena confianza, para luego traicionarla.

Podríamos considerar, que la más racional y maquiavélica, es decir, astuta y sagaz, es la última, ya que sugiere una democracia representativa, que no vulnera físicamente la integridad del pueblo, sino que, sin recurrir a las armas, y a la vigilancia constante e incansable del Príncipe, garantiza la estabilidad del gobierno, así como la paz y la prosperidad.


Capítulo VI.- De los principados nuevos que se adquieren con las armas propias y el talento personal.

Se inicia el capítulo manifestando que adquirir un territorio, con el esfuerzo y el sudor propio del Príncipe, si bien es dificultoso, garantiza la conservación de lo conquistado, pues los problemas solo se presentan al inicio de la hazaña, ya que la instauración de nuevas leyes causa cierto movimiento y alteración, más aún cuando el territorio cumple con la descripción hecha en el capítulo V, sin embargo, durante el resto del tiempo todo es estabilidad y seguridad, siempre y cuando las leyes sean buenas y el Príncipe sepa gobernar.

Considérese por ejemplo, a los hermanos Castro, al Che Guevara y la Revolución Cubana. Fidel, como líder de la revolución, atravesó un sinfín de vicisitudes para derrocar al dictador Fulgencio Batista, hasta llegar a la cárcel y al exilio en México, donde reunió fondos para la causa. El movimiento revolucionario cubano derrocó al dictador en 1959, y en el progreso de los siguientes años, instauró un Estado Socialista, relaciones con la URSS, y el resto de países que conformaban el Segundo Mundo. Dicha situación ha perdurado hasta el día de hoy, claro, con sus altos y sus bajos, pero, en este ejemplo histórico tan actual, se pone en evidencia el principio que Maquiavelo enuncia: los revolucionarios obtuvieron el poder por el esfuerzo y el sudor que invirtieron en la lucha, por tanto, el conflicto verdaderamente solo tuvo lugar al inicio, y ha durado ya más de 50 años sin ninguna tribulación mayor.

Por último, Maquiavelo dice que si un ciudadano llega a ser Príncipe, esto se debe porque logró aprovechar la ocasión que el azar le presentó, y gracias a sus méritos logra obtener el poder, en el cual se mantiene fácilmente y durante mucho tiempo; caso similar a Fidel Castro, quien al ser el líder del movimiento revolucionario cubano, gobernó de 1959 hasta el 2008, situación que perduró gracias a sus méritos y el respeto que el pueblo le tenía.


Capítulo VII.- De los principados nuevos que se adquieren con armas y fortuna de otros.

Estos principados son los más riesgosos y los menos duraderos, ya que el Príncipe depende de quien le apoyo, le brindó armas, soldados, nobles, dinero y demás ayudas. Es en este capítulo donde Maquiavelo hace por primera vez, alusión a César Borgia, hijo de Alejandro VI, Papa 214 de la Iglesia Católica, cuyo nombre original era Rodrigo Borgia.

 Alejandro, conquistó para su hijo, César, el territorio de la Romaña, en el centro de Italia, para esto, hizo uso de la influencia y las fuerzas del Estado Vaticano, y afianzó a su hijo, el Duque Valentino, como Príncipe de dicho Estado. Maquiavelo ve en César Borgia al arquetipo de Príncipe, inclusive, se considera que en él se inspiró para realizar la obra, ya que es despiadado, frío, sanguinario, audaz e inteligente, pues a pesar de que aparentemente no tenía el mérito de haber conquistado nada, si tuvo el de haber sabido manejarse como Príncipe, pues logró realizar más conquistas y conservar la que su padre le había ganado. Para ello, César debió defenderse de enemigos, conquistar amistades, usar la fuerza y el fraude, se hizo amar y se hizo temer, respetar y obedecer, mató a un sinfín de opositores, fue severo y amable,  magnánimo y liberal, es decir, supo, como posteriormente el autor menciona, comportarse como Hombre y como Bestia, naturaleza Dual del Ser Humano.

Capítulo VIII.- De los que llegaron al principado mediante crímenes.

Los crímenes, considerados desde la óptica del autor, pueden dividirse en dos: Perversidades y Delitos, y ganándose (de manera criminal, claro está), el favor de los conciudadanos. En ambos casos, debe comprenderse que se ingresa al poder de una manera no muy agradable a los ojos del pueblo, o de la mayor parte del pueblo, sin embargo, estando una vez allí, se debe ser consciente, que como previamente se había sostenido en el capítulo V, el mal mayor es preferible al inicio.

Así, el autor menciona que las medidas deben ser severas y de ser necesario, sanguinarias, esto únicamente al principio, para que una vez instaurada la autoridad del príncipe, no sea necesario recurrir constantemente a la violencia, y que si se está periódicamente ofendiendo a los súbditos, estos pueden cansarse y sublevarse en contra del Príncipe.


martes, 10 de septiembre de 2013

El Príncipe, Capítulos I-III

EL PRÍNCIPE

NICOLÁS MAQUIAVELO


Análisis Temático




Como previamente fue enunciado, se versará acerca de las ideas que cada capítulo de la obra contiene, se hará una breve síntesis de las mismas, así como un comentario, a manera de aportación personal. Considérese, en función a lo comentado, que ciertos capítulos no constan más que de unos cuantos párrafos, razón por la cual, serán visualmente más pequeños, pero esto no se verá necesariamente reflejado en el contenido y su calidad. Nótese, que dentro del índice se agrupan los capítulos por conjuntos, esto, en función del contenido de cada uno, y de la relación que existe entre los contenidos de los mismos, así, por ejemplo, los tres primeros capítulos se relacionan en su contenido, y son presentados conjuntamente, en lugar de por separado.


Capítulo I.- De las distintas clases de principados y la forma en que se adquieren.

En esta primera y reducida sección de la obra, se apertura mencionando que los reinos y principados, o son Hereditarios, o son Nuevos. Dentro de los nuevos, existe la categoría de Totalmente Nuevos, y Agregados; siendo que los agregados los adquiere un príncipe que anteriormente ya tenía un reino.  A su vez, se distingue que dichas situaciones se producen o bien por las Armas Propias, o las Armas Ajenas, y en esto, la causa puede ser la Suerte o la Virtud. Es decir, desde el inicio Maquiavelo distingue las diversas situaciones que pueden llevar a un Príncipe a gobernar un territorio, y las variables que en ello influye.


Capítulo II.- De los principados hereditarios.

Dentro de los tipos de principados, existe el Hereditario, uno de los más comunes, donde una familia o dinastía conserva durante generaciones el gobierno de un territorio. Tal es el caso de los reinados clásicos de la Europa medieval, como los Borbón, los Tudor, y de las dinastías en China. Así, se enuncia que, es en suma más fácil para el príncipe que acaba de conquistar un nuevo territorio, conservar un estado hereditario, en comparación con cualquier otro; esto debido a que el pueblo no está acostumbrado a ser libre, y por tanto, solo basta no alterar inmediatamente el orden preestablecido, y saber realizar los cambios pertinentes en el devenir del principado.
  

Capítulo III.- De los principados mixtos.

Los principados mixtos, son aquellos Estados que eran anteriormente regidos por una persona distinta al príncipe, quien en el momento de conquistar dicho territorio lo anexa a uno que ya tenía bajo su yugo anteriormente; es decir, el nuevo territorio pasa a formar parte del reinado del príncipe. Se distingue, que si las nuevas conquistas son de la misma provincia, es muy fácil conservarlas, sobre todo si están acostumbrados a vivir bajo el yugo de un príncipe; y en aras de afianzarse en el poder, se debe terminar con la familia del anterior príncipe, para evitar las ambiciones de recuperar lo perdido que pudiesen surgir.

Es aquí donde primeramente se nota la parte maquiavélica de la obra; sin embargo, resultaría difícil pretender conservar la propiedad de otro si se vive con él dentro de la misma, o bien, si se sospecha que podría pretender recuperar su derecho, arbitrariamente o no, arrebatado. A su vez, dualmente a lo mencionado, se menciona que se debe respetar los usos y las costumbres del pueblo, y respetar las ventajas y privilegios que antes gozaban los sectores más altos de la sociedad.

Cuando se tiene una colonia; tal y como fue el caso de la Nueva España, se considera que son mucho más fieles y más seguras, en razón que se ve al colonizador desde una perspectiva inferior, razón que logra justificar la exigencia del yugo que pesa sobre los colonizados. Piénsese en la Nueva España, colonia que no se habría independizado jamás de no haber sido por el Nacionalismo Criollo; es decir, propiamente los nativos de la región no anhelaban la emancipación, no deseaban cambiar el orden establecido por los españoles, es decir, como bien lo menciona Maquiavelo, los damnificados no pueden causar molestias, porque son pobres y están aislados. De no haber sido por los criollos, la Nueva España seguiría existiendo.


Por otra parte, las provincias anexadas al previo reinado del príncipe, es decir, los principados mixtos, cuando son de usos, lengua, organización, religión y cultura distinta a la del príncipe, engendran muchas más dificultades, entrañadas por las divergencias y posible divisiones que pudiesen surgir. Para soslayar esta situación, el Príncipe debe convertirse en defensor del pueblo, para ganar su respeto y visto bueno, así también, se debe radicar un tiempo en la nueva provincia, en aras de aprender sus usos, su lengua, y posteriormente comisionar un representante leal al príncipe.

lunes, 9 de septiembre de 2013

El Príncipe, Aspectos Generales

El Príncipe de Nicolás Maquiavelo


Aspectos Generales de la Obra



     Niccolò di Bernardo dei Machiavelli, verdadera eminencia del pensamiento político clásico y realista, nos presenta en su totalidad un conglomerado de ideas que representa, al igual que autores como Bocaccio, Dante y Petrarca representaron su momento histórico; una de las cumbres del Pensamiento Renacentista Italiano, específicamente Florentino.


     Maquiavelo, fue, sin menoscabo alguno para su capacidad, un empleado de gobierno, un burócrata, que se desempeñó en diversas funciones, desde encargado de una oficina pública, hasta diplomático y embajador de la República de Florencia, nunca llegó a ostentar propiamente el poder del príncipe a quien tanta alusión hace en su obra; sin embargo, siempre estuvo cercano a la esfera política de su país, a tal grado de obtener el suficiente conocimiento como para habernos legado una obra tan elocuente como lo es El Príncipe.

     La obra en cuestión, ha sido de una trascendencia tal, que el simple hecho de que en nuestros días aún se lea, es suficiente como para denotar su vigencia, pero si ello no fuese suficiente, sírvase en hacer ver el hecho que El Príncipe ha sido comentado por personas de la talla de Napoleón Bonaparte y Cristina de Suecia.


     No se trata pues, de una opinión subjetiva de un pequeño florentino, subyugada a sus tiempos, o bien, a la cultura italiana; nada más lejos de la realidad. Se trata, de un verdadero conocimiento teórico, aplicable, duradero y vigente, el cual tiene las características de sistemático, objetivo y verificable, características que por sí solas le valen el carácter de científico, a su vez, que cumple con las exigencias de las Ciencias Sociales al describir, interpretar y criticar los hechos históricos, a la vez que expone los principios elementales de habrían de regir el comportamiento de un político. Es pues, un conocimiento verdadero.


     La figura de Maquiavelo, su pensamiento, su método, sus ideas, sus ejemplos y su ingenio, han probado ser tan intensos y tan profundamente vigentes, que las escuelas norteamericanas se han servido de él, reivindicándole y adoptándole como el Padre de la Ciencia Política, cargo que no es para nada menospreciable. Este suceso es prueba fehaciente de la veracidad de sus ideas, y de la trascendencia de las mismas, ya que si bien, Maquiavelo no fue un gobernante, ni un príncipe, fue un verdadero político, que se enfrentó a una época de crisis en su país, colaboró, actuó, y aún inclusive después de haber pasado más de 400 años de su muerte, su legado sigue siendo efectivo hoy, en nuestros días.


     La escuela idealista, es representada magnamente por Platón, con su República, donde el sabio filósofo humanista versa extensamente sobre las repúblicas, la democracia, la plebe y todo lo relacionado al tema de las polis griegas, lo cual hace desde una perspectiva idealista, idealizada e ideal. Caso contrario con nuestro autor, Maquiavelo abandera la escuela realista, que confronta a la realidad desde la perspectiva real; es decir, al ser por el ser, y no por lo que podría llegar a ser, o peor aún, por lo que debería ser, es decir, nuestro autor es un estadista ontológico no deontológico; situación que le ha granjeado a su pensamiento el equívoco y, por mucho peyorativo término de Maquiavélico, el cual hace referencia a un proceder sin escrúpulos, carente de toda moral y ética alguna.


     Este juicio es errado, ya que dentro de la misma obra, Maquiavelo propone la creación de buenas leyes, buenas medidas populares y buenas relaciones tanto con el pueblo como con los nobles, y solo propugna constantemente por que el príncipe sepa ser moral e inmoral, bueno y malo, tacaño primeramente, para luego ser generoso, situación que nos lleva al siguiente y último punto, el dualismo.


     Nuestro autor desarrolla en toda la obra un problema filosófico que fue tratado ampliamente durante la edad media: El Dualismo; el cual propone la existencia de dos sustancias distintas y opuestas, es decir, fuego y agua, Dios y Satanás, bien y mal, vida y muerte; problema que sería resuelto con las tríadas de Hegel y su pensamiento totalizador consagrado en la idea. Así, Maquiavelo, entre todas sus propuestas, deja permear un dualismo constante, entre ser amado y ser temido, ser un zorro y ser león, ser hombre y ser bestia. Es pues, notable en el desarrollo de la obra.